lunes, 23 de agosto de 2010

El libro: cielo de unos pocos

Deseo compartir con ustedes el artículo que acaba de salir en la revista Arcadia, titulado ¿Quién da más?, donde suenan y truenan las apuestas editoriales y el difícil arte de lograr una honrosa publicación para los noveles escritores. Después de leído el artículo de Lina Vargas, saquen ustedes sus propias conclusiones.

¿Quién da más?

El altísimo anticipo pagado por los derechos del libro de Íngrid Betancourt debe tener en ascuas a sus editores, tras el odio despertado por su demanda; pero nada está escrito en el arriesgado negocio de los libros. La ruleta apenas está girando.


Por: Lina Vargas

Con un escape en medio de la selva. Así comienza No hay silencio que no termine, el nuevo libro de Íngrid Betancourt publicado por Aguilar, que se lanzará en simultánea para América Latina el próximo septiembre. Desde ya se rumora que sus casi 700 páginas son cautivantes y que, más que en las grandes revelaciones, el gancho está en la fuerza de la narración. Se sabe también que Íngrid lo escribió en francés —la traducción es impecable— y que recibió, según varios medios de comunicación, casi siete millones de dólares por los derechos para diez idiomas. Sin lugar a dudas, presagio de un abrumador éxito editorial. ¿O no?

Todo iba bien hasta la mañana del pasado 30 de junio, cuando Íngrid demandó al Estado colombiano por los daños causados durante su secuestro y pidió una indemnización de 15.000 millones de pesos. La respuesta fue devastadora. Las páginas de los principales medios se llenaron de comentarios que criticaban “el descaro” de la demanda y se crearon grupos de Facebook con nombres tipo: “Ni un solo peso para Íngrid Betancourt”. Ella se arrepintió, pero era demasiado tarde. La indignación ya había estallado. La Librería Nacional redujo el pedido inicial de 15.000 libros a menos de la mitad, al igual que Panamericana, que ordenó un recorte drástico. La primera incluso lanzó una encuesta en la que el 95% de los votantes dijo que no compraría el libro.

En Santillana, la editorial que compró los derechos para España y América Latina, reina la incertidumbre. Para Rodrigo de la Ossa, editor de Alfaguara, No hay silencio que no termine es quizás el mejor libro escrito por un ex secuestrado. “Por otro lado, existe una percepción negativa y no sabemos cuál será su impacto. Tenemos un 50% de la ecuación. El otro 50 no ha entrado en juego”, comenta De la Ossa.
En términos generales, los testimonios de ex secuestrados han dado buenos resultados: Mi fuga hacia la libertad, de John Frank Pinchao, vendió 32.000 libros en un año, Siete años secuestrado por las Farc, de Luis Eladio Pérez, 20.000 en los cuatro primeros meses, y Cautiva, de Clara Rojas, 32.000 en ocho meses.

Aun así, es difícil saber si el libro de Íngrid conseguirá el éxito que hasta hace unas semanas se esperaba. Y no solo por el escándalo de la demanda, sino por el intrincado funcionamiento del mundo editorial, en donde un escritor como el estadounidense John Kennedy Toole nunca vio publicada su extraordinaria novela La conjura de los necios, mientras que Dan Brown gana millones desentrañando aparatosos misterios medievales.

La ruleta editorial

A mediados de octubre, se realiza la Feria del Libro de Francfort, algo así como un Woodstock para el mercado de las letras. Cada año llegan alrededor de 300.000 personas y la situación tiende a parecerse a un día agitado en la bolsa de valores. Se necesita ser un zorro de la edición para estar allí. Hay pujas por escritores, contratos ultra secretos, mucho dinero de por medio y, por supuesto, colosales metidas de pata. Los agentes literarios promocionan a sus autores como si fueran el próximo Shakespeare, las editoriales pagan sumas millonarias y todos ruegan para que las ventas no decepcionen. ¡Que no lo pongan en la lista de los peor vendidos! ¡Que no sea un fiasco!

En la Feria de Francfort es común hablar sobre anticipos. Se trata del adelanto que las editoriales pagan a los escritores por los derechos de su obra. Los anticipos se calculan a partir del número de ejemplares vendidos y del porcentaje que obtiene el autor sobre el precio de venta de cada uno (que suele ser del 8% al 10%). Funciona así: si un libro cuesta 30.000 pesos, el autor recibe 3.000 pesos por cada libro vendido. La venta de 5.000 copias le daría 15 millones. Supongamos que la editorial calcula que el libro venderá como mínimo 5.000 copias. El anticipo será de 15 millones.

Un anticipo es una apuesta en la que la editorial arriesga su capital y su prestigio. Por supuesto, hay todo tipo de anécdotas. Desde cifras astronómicas por las biografías de personajes famosos hasta fracasos descomunales. Algunas son legendarias.

En junio de 2003, la cadena de librerías Barnes & Noble vendió 200.000 copias en 24 horas de Living History, las memorias de Hillary Clinton editadas por Simon & Shuster, por las que Hillary recibió un anticipo de ocho millones de dólares. Con solo unos meses de diferencia, el boom Clinton continuó cuando la editorial Knopf vendió en un día 400.000 copias de My Life, la biografía de Bill Clinton. El anticipo de diez millones de dólares por My Life ha sido el más costoso de la historia, seguido de las memorias de Juan Pablo II por las que se pagaron 8,5 millones.

También ha habido casos en los que el dinero invetido se pierde. En los años 60 Random House ofreció cerca de 250.000 dólares a Truman Capote por su libro Plegarias atendidas. No quedaron más que capítulos sueltos de la que se pensó sería la gran novela norteamericana. Capote murió antes de haberla acabado.

Y hay negocios que se vuelven aire. En 2003, Woody Allen anunció que escribiría sus memorias si le pagaban una “cantidad suficiente” que compensara un año y medio sin hacer películas. Hubo temor entre los ofertantes, que aún recordaban las altas sumas por una biografía de Bob Dylan que nunca vio la luz. Pero todos creyeron que los detalles íntimos de la neurótica vida de Allen, especialmente aquellos sobre su relación con su casi hijastra Soon-Yi, serían una apuesta segura. El libro no estaba escrito y aunque circuló la cifra de cinco millones de dólares por los derechos para varios países, el New York Post aseguró que Allen pedía 10 millones. Marilyn Ducksworth, vicepresidenta de la editorial Penguin Putnam, anunció que había llegado a un trato por 2,9 millones sólo por los derechos para Estados Unidos. A Allen la cifra de la sumatoria de los anticipos no lo convenció. El libro nunca se escribió.

Negocios arriesgados

La industria editorial española mueve anualmente 3.700 millones de dólares. El ranking lo encabezan Isabel Allende y Gabriel García Márquez. Por Hija de la fortuna, Plaza y Janés le pagó a Allende 1.300.000 dólares y por Vivir para contarla, Planeta le dio a García Márquez alrededor de un millón de dólares. En la lista les siguen escritores como Arturo Pérez-Reverte, con anticipos de 600.000 dólares y otros que reciben en promedio 180.000, como Juan José Millás, Manuel Vázquez Montalbán y Juan Marsé. Un caso aparte es el best-seller Carlos Ruiz Zafón, quien obtuvo casi cuatro millones de dólares por su novela El juego del ángel. (Al comienzo de su carrera, cuando era un escritor desconocido, Zafón recibió poco más de 4.000 dólares por La sombra del viento).

Editoriales independientes como Destino, Pre-Textos y la misma Anagrama no han entrado de lleno en la competencia millonaria por conseguir autores y continúan pagando entre 1.000 y 5.000 dólares. “En el caso de Anagrama —comenta su editor Jorge Herralde— aparte de la excelente labor del equipo editorial, un escritor se queda por la certeza de que su libro tendrá el mejor tratamiento en la promoción”.

En Colombia, el promedio de los anticipos es de cinco a diez millones de pesos. Solo un grupo muy reducido de escritores pasa de los 15 millones. Treinta es una extravagancia. A García Márquez le siguen Laura Restrepo, quien en 2009 recibió 700.000 dólares por su novela Demasiados héroes y Héctor Abad Faciolince que cuando se pasó de Alfaguara a Planeta firmó un contrato para escribir tres novelas —entre esas El olvido que seremos— con un anticipo de 30.000 dólares por cada una.

De allí la escala baja a los 50.000 dólares con autores como Fernando Vallejo y Jorge Franco. Continúan William Ospina, Mario Mendoza y Piedad Bonnett. Luego, el ranking cae de manera abrupta de tres a un millón de pesos y termina con un amplio grupo de jóvenes autores que difícilmente reciben algo por sus libros.

También en Colombia hay historias memorables. En septiembre de 2007, Virginia Vallejo publicó Amando a Pablo, odiando a Escobar, un libro de ocasión que prometía contar infidencias de su relación con Escobar y revelar datos sobre los vínculos del narcotraficante con la clase política. Los 20.000 ejemplares vendidos no alcanzaron a cubrir el anticipo de 30.000 dólares. Fue un fiasco. Lo contrario ocurrió con Rosario Tijeras, de Jorge Franco, que no recibió anticipo, sino una beca del Ministerio de Cultura por 10 millones de pesos. Plaza y Janés publicó la novela y la incluyó entre sus lanzamientos de la Feria del Libro de 1999. El éxito llegó pronto. Entonces Norma la compró y, años después, Franco recibió casi 70.000 dólares por Paraíso Travel.

Si en España, se estima que solo el 10% de los libros publicados alcanza a cubrir el anticipo, en Colombia el porcentaje podría ser menor, sobre todo, si se tiene en cuenta que en un mes llegan cerca de 600 novedades a las librerías. Hay quienes afirman que el único escritor colombiano cuyas ventas sobrepasan los anticipos es Jorge Franco —que acaba de lanzar Santa suerte—, gracias a su incursión en el cine y la televisión. Al fin y al cabo, mientras el promedio de los anticipos editoriales en ningún caso supera los 15 millones, en televisión se pagan alrededor de 60 millones por la adaptación de un libro.

A eso se suman las ínfimas cifras de lectura en Colombia, en donde la venta de 5.000 libros es un éxito. El promedio continúa siendo de 2.500 para autores literarios (si es un Walter Riso las cifras se alegran mucho más), así que el fenómeno de Stieg Larsson, que logró 30.000 ejemplares con Los hombres que no amaban a las mujeres, se considera excepcional.
El mundo editorial es desconcertante. No hay fórmulas. Lo que hoy es un best-seller, mañana puede ser un gran fiasco, tal como sucedió con Ángeles y demonios, de Dan Brown que no logró las ventas esperadas. Y hay ejemplos como el de Las cenizas de Ángela, por cuyos derechos en español Norma pagó 4.000 dólares y es una novela que aún vende. Por eso el éxito o el fracaso del libro de Íngrid es un misterio. Los elementos en su contra son claros: una imagen favorable de apenas el 13% y un bajón de 34 a 20 puntos en el rating de Operación Jaque, la miniserie —la novela de mayor sintonía en Colombia tiene 42 puntos. A su favor, las buenas críticas de quienes han leído el libro. Hagan sus apuestas.

Artículo tomado de la revista Arcadia.com.
Puede ser leído en www.arcadia.com

jueves, 5 de agosto de 2010

Cerrando círculos...

Una mano que surge de alguien cuyo rostro no distingo al instante, brumoso por la distancia que nos separa, me revuelca el cabello como si estuviera frotando una pieza de metal. Esa mano es la de un hombre que mi madre llama Osiel: el hombre que se supone me engendró. Desde donde estoy —no acierto a precisar si sobre su cabeza, a un lado suyo o debajo de él—, veo su trabajo como mesero en un restaurante de mediana categoría, trayendo sopas o bebidas, llevando platos, limpiando mesas, sonriendo a los clientes como si su vida fuera un paraíso eterno e inmodificable. Está tan metido en su cuento, en su historia personal, que no percibe mi presencia, si es que, acaso, pueda llamarse presencia a algo que para él no existe. Y la razón es sencilla: él se niega a ser mi padre; él no acepta que yo sea su hijo; él no cree lo que le ha dicho mi madre sobre su responsabilidad paternal.

Desde aquí parece alto, delgado, trigueño, con una visible calvicie. Sus zapatos son grandes como sus manos. Pero ni sus zapatos ni sus manos logran quitarme la desazón de crecer sin su amparo, sin la comunión de ese cordón umbilical, sin su sombra o gesto indicando el porvenir. No lo odio por la decisión tomada o por la duda que abriga. Pero debió intentarlo, mandarme mensajes aunque estos sólo fueran mentales. Debe ser alguien minimalista, o quizá un temeroso muchacho que ante lo que se presenta sólo atina a huir. Los seres humanos nos caracterizamos por correr cuando la adversidad se asoma en la esquina. Y él debió calcar este síntoma como ninguno.

También es posible que mi madre, al callar, pretendió ocultar un pasado más tormentoso. Pero, ¿y de dónde diablos sacó el apellido? ¿Por qué, simplemente, no hizo como otras madres solteras y me puso los suyos? ¿En algún instante tuvo miedo de mis reproches? Son muchas las preguntas que se quedaron por responder…

Veo a mi madre restregando pisos en una casa de familia donde trabaja por días. En el gesto de su frente hay una huella como de angustia, como de abandono, como de daño por un mal amor, por un hijo que franqueó sus esperanzas. Y por eso es ruda conmigo en esos primeros años. El afecto que me llega desde su corazón es un escarceo apenas perceptible. Su vehemencia de vivir ha pasado a ser exhausta. Mira la vida como si esta pasara por un lado suyo, sin fecha ni identificación. Hastío o estorbo son las sensaciones que, presumo por la forma en que respira cuando me dice algo bueno o malo, despierto dentro de ella. No puedo decir que mi cuerpo ha medido la fuerza de su abrazo. No puedo decir que reconozco su aliento a través de una venda.

Mi madre, así lo creo, debió darme más. Yo no sólo tenía derecho a la vida, sino a vivir esa vida con ella. Pero se congeló con mi nacimiento. Fueron muy pocas las ocasiones en que logró salir de ese duro cascarón. Parecía llevar un odio tan furibundo, que como una lanza de plata le atravesaba el pecho. Sólo Andrea era el equilibrio entre los dos. Y esta no es mi declaración de revancha. Es como me llegan las imágenes, en desorden, yuxtapuestas. Es como me veo ante ese entorno, ante el triangulo que forman los tres, y yo de por medio, estirándome, tratando de ser un poco mejor. Si de la desesperación nace la devoción, como dice un escritor nuestro, también nace el rencor más severo. Y en ello también hay devoción hacia lo perverso.

La imagen es recurrente: el reproche a mi madre obedece a que debió protegerme más. No sólo en esos momentos de regocijo, cuando su alma se tranquilizaba, sino cuando la crisis, cuando la adversidad asomaba su cabeza de ratón. Por eso mi corazón de niño sufre en la medida que su indiferencia arrecia. Por eso, cuando ella muere, mi dolor se incrementa, como el redoblar de unos tambores que no precisamos su origen, ni si es un canto de vida o una advertencia de muerte.

A esta hora no sé quién debería pagar: un padre que nunca fue padre; una madre que no supo ser madre; una hermana que dejó de serlo por amor a un extraño. Todos ellos, en algún momento de su vida, fueron mis verdugos; consciente o inconscientemente. Unos verdugos que han dolido como un parto. Porque es difícil entender que tu familia te trata como si no fueras un pedazo de ella.

Veo tres imágenes más: Mi madre muerta no puede remediar nada; no hay modo de defenderse y no la quiero incriminar más. Andrea da el salto que la hace redimirse con ella misma, que la trae de vuelta con la misma intensidad que se fue un día cualquiera. Y mi padre —no sé si sea mi padre, no sé si pueda llamársele así—, es posible que haya caído por mi mano del mismo modo que el mito de Edipo cuenta la más famosa de las tragedias griegas.


Capítulo de la novela El juego de Archer, próxima a ser publicada.

lunes, 26 de julio de 2010

Lauren Mendinueta

Lauren Mendinueta, orgullosamente colombiana, barranquillera, vive desde hace algunos años en Lisboa. Sus poemas hacen parte de varias publicaciones y antologías tanto de Europa como de América. Es una de las voces femeninas contemporáneas más versátiles y luminosas que tiene el país, de obligada lectura. Los poemas que aparecen a continuación forman parte del libro La Vocación Suspendida, publicado en España en el 2008 y con el que obtuvo el VI Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos. Pueden visitar su página en: www.laurenmendinueta.com. Que hable entonces su poesía...




ASÍ PASAN LOS AÑOS
Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad,
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,

sin esperanza distinta de la muerte.


BOGOTÁ, DESPUÉS DE UNA VISITA A HELENA IRIARTE
No hay relación entre las cosas
y aquello que las encarna.
La realidad acaso es un vacío
y su copia en el espejo
la evidencia de su precariedad.
Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.
La gente corre afanada
hacia el vagón del metro o el autobús
porque la vida depende de un concepto.
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
pues no se puede llegar con retraso al destino.
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
¿no serán un binomio inseparable,
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
En estos temas, como en tantos otros,
me atropella la retórica,
y vuelvo a preguntarme si será posible
nada más vivir.

LA TORRE DE MARFIL
El mundo es una torre de marfil, en vano
busco una puerta en sus paredes curvas.
Parezco una actriz representando a un borracho,
camino tratando de hacer una línea recta,
nunca eses. No soy una profesional
de la actuación, ni siquiera me le parezco,
pero caminaré tratando de hacer una línea recta.
A veces me siento frente al ordenador y busco
toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.
Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre
y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.
Cuando me miro al espejo me sorprende lo común
que parece mi rostro, y me digo:
es bueno ser tan común, no te asustes.
Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro
las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.
Y allí mismo, tecleando,
trato de comprender
por qué me siento libre en la jaula del pájaro.

OLVIDO DE MÍ
Octubre ha llegado dominado por las lluvias,
y los demás meses lo han seguido hasta aquí.
De repente este amontonado tiempo lo llena todo,
el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso
cuando en el verano me recuesto a leer.
En mí no es posible el abandono del tiempo,
la gracia que supone el olvido
me hubiese salvado de esta invasión.
Ahora debo caminar con cuidado
para no maltratarme con tantos recuerdos.
¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?
Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.

MAYÉUTICA
El mundo sugiere.
No espero la visita de la musa,
voy por ella, la traigo de la mano.
Los que me conocen
dicen que la mía es una vida triste.
Pretender pasar las horas con una desconocida
discutiendo, discutiendo.
No pueden imaginar cuánto prefiero
su hiriente compañía,
el argumento casi siempre contrario,
la sarcástica sonrisa triunfadora,
al complaciente parloteo de todos ellos,
mis simpáticos amigos.
Dicen también que mi figura da pena
cuando a cualquier hora y de cualquier manera
salgo a buscar la escurridiza musa,
y vuelvo sola y se me oye inventar monólogos
que imitan sin gracia al diálogo.
Pero después de cada fracaso pienso:
Mañana volveré a buscarla,
si tengo suerte
ella traerá su arpa y entre discurso y discurso,
tocará para mí una música espléndida.

EL DOMINIO
Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.
Se deslizan hacia el olvido de la mirada,
hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.
En esta cárcel, mi condena,
la muerte está sentada al otro lado de la salida.
No me abandonará por ahora,
ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve
y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.

LA ERRANCIA Y LA PROXIMIDAD
Para José Luís Rojas

El vuelo de las gallinas no es muy distinto
al vuelo de las horas;
a pesar de los intentos fallidos
nunca aceptan su limitada naturaleza.
La hora es la medida indistinta del día humano,
la gallina cobarde de la inmortalidad divina.
Lo más lejano ocurre con la gracia de lo imposible,
mientras el presente se deshace, fluye.
El tiempo no se mide, se interpreta:
así lo enseña la música.

viernes, 9 de julio de 2010

Carta para el poeta Flóbert Zapata


Leticia, julio 06 de 2010


Poeta
Flóbert Zapata Arias
Manizales


Dilecto amigo:

La selva me ha traído los ruidos, las formas y el lenguaje que necesito para mi nuevo libro. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta, incluso en el sueño o la vigilia, hay una comunicación permanente de los sentidos con la naturaleza, una exaltación del espíritu primigenia y profusamente ancestral. Toda la belleza se acumula como las nubes de zancudos que penetran los espacios más insospechados.
Y usted se preguntará el motivo de esta carta, que le escriba desde un lugar tan lejano de su querida Manizales, que lo haga después de tanto tiempo sin comunicarle sobre mi existencia, las huellas que sigo o el árbol, como los que existen bajo estos follajes, donde quizá cuelgo muchos de mis sueños. Mi carta obedece a ese deseo irrefrenable de decirle lo mucho que agradezco cada una de sus empresas literarias, como Musa Levis o Lyrica Species (ya tengo en mi poder el último número); incansable y loable labor donde difunde el panorama literario no solo de Caldas sino de cada una de las regiones del país, de una manera limpia y desinteresada, con una visión respetuosa y esperanzadora como pocos pueden lograrlo.
Pero sobre todo, maestro Flóbert, para agradecerle que usted fuera la primera persona en concederme, como poeta, un voto de confianza, en señalarme el sendero de los bardos cuando mi despertar por la literatura se estaba volviendo una necesidad sustancial, de vida. Después llegó, cada ocho días, con los talleres de poesía en la Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía. Usted, como podrá ver, me abrió ese abanico de posibilidades donde la palabra se reconocía por su universalidad, por su poder transgresor y de transformación, logando de ese modo que no mirara más hacia adentro, hacia la provincia de la que se nutria en ese tiempo cada poema que trazaba con una torpeza o ridiculez desobligante, aunque todo tiene un principio, como me lo hizo ver.
Romper los límites fue la señal que seguí: decantar, corregir, soñar, leer, observar... Por eso, Flóbert, mi agradecimiento y mi admiración (por su obra y causa), van juntas hasta que se rompa el cielo que tenemos sobre la cabeza. Justa causa para escribirle esta carta antes de abordar la canoa que me llevará río arriba donde el vórtice del bosque se confunde con el fin del mundo, y donde espero continuar encontrando las piezas del rompecabezas de mi existencia.

Un abrazo.


Adrián Pino Varón

jueves, 17 de junio de 2010

El papel de Papel Salmón

El suplemento literario Papel Salmón del periódico La Patria, llega este próximo domingo 20 de junio, a su edición número 920. Un gran logro, si se tiene en cuenta que muchas de estas valiosas publicaciones, después de recorrer la historia patria y enseñarnos el mundo desde una óptica más entrañable, han pasado al baúl de los recuerdos. El caso más sonado es el del Magazín dominical de El Espectador, una de las pérdidas más angustiantes para aquellos que nos valíamos de sus páginas para adentrarnos en las fábulas, los sueños, las historias de los grandes maestros, o para esbozar las primeras líneas o los primeros cantos con un fervor sospechoso.

Corría el año 92, cuando en Papel Salmón me publicaron el primer poema, al lado de otros jóvenes que nos atrevíamos a mostrar un trabajo tímido y muy marcado por las influencias del soneto de Robledo Ortiz, del Nocturno de Silva o del Creacionismo de Huidobro. No obstante, aquella circunstancia significó para mí el principio de un nuevo estilo de vida, de una entrega absoluta y verdadera que dura hasta hoy. Y es que eso ha hecho Papel Salmón en todo este tiempo: no solo nos muestra lo que sucede en el mundo del arte y de la literatura, con los maestros del momento, la convocatoria o reseña, sino que abre sus páginas a las nuevas generaciones que comienzan a mostrar una disciplina y un empecinamiento enfermizo por la creación literaria. Es, en síntesis, una escuela de formación gratuita, a falta de aquellos centros literarios, como la añorada Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía, donde puede verse el paisaje que mejor entiende el espíritu.

Papel Salmón sigue, después de no sé cuántos años, alimentando esa misma sed literaria y artística, a caldenes y foráneos, con una calidad y una imparcialidad que le valen muchos elogios. Es un privilegio que cada semana podamos dejar a un lado las noticias criminales o políticas para saborear unos instantes un poema, un cuento, la anécdota del último premio, la figura del panorama nacional, entre otras noticias culturales. Pero esta ardua labor no sería posible sin la apuesta de Nicolás Restrepo Escobar, director de La Patria, de Gloria Luz Ángel Echeverri, Editora del Papel Salmón, y de su diseñador Virgilio López Arce; aunque por allí pasan y pasan grandes personajes, como el fallecido Orlando Sierra Hernández, de quien aprendimos su lucha frontal por una sociedad mejor, y el buen amigo Carlos Augusto Jaramillo, quien ahora es Editor de la Universidad de Caldas.

Finalmente, debo decir que a Papel Salmón mi generación le debe poco más que un tributo, pues en sus páginas crecimos y seguimos creciendo, conocimos un poco de más allá cuando la provincia parecía absorbernos, y aprendimos que la inmortalidad sí es posible con la palabra.

jueves, 3 de junio de 2010

Cosas que pasan en el país del sagrado corazón. Denuncia.

Ustedes perdonen, amigos míos, que no escriba sobre literatura como ha sido mi costumbre desde que tengo uso de razón, y cuando había dicho no involucrarme en hechos sociales o políticos por razones que no vienen al caso; pero hoy ha ocurrido algo feo en una ciudad que amo y que eventualmente visito, y que de hacerme el indiferente sólo acarrearía más rabia o impotencia a mi espíritu; un hecho bochornoso que se suma a los que sacuden últimamente mi patria, y que igual es bueno mostrar para decir que no sigamos cometiendo los mismos atropellos por falta de un poco más de TOLERANCIA. La noticia sucede a eso de las 4 y 30 de la tarde en una vía principal de la ciudad de Pereira, donde los funcionarios de la alcaldía encargados de control urbano, haciendo cumplir una norma sobre espacio público que en cierta medida es perversa y deprimente, agreden a golpes un vendedor ambulante de papayas maduras, sólo por el hecho de que éste se resiste a perder todo su capital, su único capital cuando fue requerido para la incatuación por estar en una vía pública, como muchos de sus compañeros de faena. La agresión a la que fue sometido este humilde vendedor por parte del funcionario de la alcaldía, no tiene nombre, aunque sí, pero es mejor no decirlo. Y lo que siguió después, que no quedó resgistrado en video, fue peor, pues de aquel acto resultó no solo lesionado en la cabeza el vendedor, por la acción ya después de un muchacho inmaduro que apoyaba la diligencia de la alcaldía, sino esposado y conducido a la estación más cercana, pues el hombre cada vez seguía más fuera de sus cabales. ¡Pero quién no lo va a estar cuando está perdiendo el único bien terrenal que posee para poder sobrevivir en una ciudad que es considerada la de mayor desempleo en el país! Señor alcalde, ya que no puede brindar o asegurar ese principio constitucional del trabajo a su pueblo, al menos déles la oportunidad de defenderse así sea como vendedores ambulantes. Es el pueblo, señor, desesperado por la falta de trabajo, de mayores y mejores oportunidades. Es el pueblo, señor, quien en últimas se enfrenta entre sí al velar por unos intereses que ya no tienen nada que ver con lo colectivo sino con lo individual, pues otros intereses perviven en esa zona. Y en cuanto a sus funcionarios, aunque están realizando un trabajo que si no cumplen también pasarán a hacer parte de la asociación de desempleados, enséñeles a que tengan más cordura, paciencia e inteligencia para entender que no solo de amor o de obediencia ciega vive el hombre, cuando se vulneran algunos derechos fundamentales.

lunes, 31 de mayo de 2010

Apología de los dragones


Conrado Alzate Valencia, es uno de los poetas caldenses de obligada lectura; por tal motivo, en esta página va un ensayo sobre su poesía, su voz, sus imágenes, sobre la memoria, como así lo titula su autor, el también poeta Gabriel Arturo Castro.




Apología de los dragones: poesía con fervor o memoria simbolizada

Por Gabriel Arturo Castro

Podríamos titular la siguiente reflexión con uno de los siguientes lemas: Poesía con fervor o Memoria simbolizada. No importa la nominación. Lo vital es aproximarnos a la raíz espiritual que ha engendrado el libro Apología de los dragones. El escritor Roberto Vélez Correa manifestó que Alzate Valencia: “Ha logrado un acompasado juego del lenguaje para expresar conflictos, interrogantes, misterios, elegías y sentimientos trascendentales”. Ramón Cote Baraibar y Juan Felipe Robledo aseguran: “El autor demuestra un conocimiento del universo reflexivo y sensible que permite la estructura de poesía, y hay un acertado ejercicio de la creación de mitologías que le dan autonomía y rotundidad a los poemas. A su vez crea un mundo original rico en matices y signado por apreciaciones sólidas que consigue asombrar y seducir al lector”.
De acuerdo, en la voz lírica de Conrado Alzate Valencia domina la expresión de una poesía meditada, trascendente, llena de vigor, color, tono y calidez. Poesía que es comunicada desde un movimiento expresivo e intenso. Alzate Valencia asume el compromiso de la poesía como provocación, libre de toda atadura retórica, especulativa, decorativa o artificial. Lo primero que impresiona es su actitud personal trasladada a un lenguaje no separado de su creador, fusión de obra y autor. De entrada nos invita a recorrer territorios insospechados mediante la aventura del viaje por el tiempo, la memoria del pasado, el color exótico, turbador, de un nuevo y extraño mundo: santuarios, panales, semillas, peñascos, la casa tibia, ríos de hielo, la casa de los abuelos, libros sagrados, dragones, reptiles, diarios de guerra, el viento de la noche, la chimenea, el castillo y el fuego, el dolor, la pequeña aldea, pálidos forasteros, puentes, laberintos, una pradera llena de estrellas, el sótano de los juguetes mutilados, algo así como los habitantes de su poema Escritura, el cual dice en su primera estrofa:

Pone palabras en la piel de los frutos,
en las alas de los pájaros, en los molinos,
en los sueños de colores de los niños,
en las garras y el olfato de los felinos.

Poesía que infunde a la realidad la carga de una actitud emocional, los sueños del pasado despiertan para actualizarlos en una clara vigilia. El poeta lo expresa de manera enfática: “Desde tiempos inmemoriales estamos atados / a la mitología y a los seres de este territorio. / En él somos la conciencia y la vida del cosmos”. Lírica que podemos definir como una mezcla de universos extraños, presencia de lo fantástico, de lo espléndido, lo maravilloso y lo raro, lo cual se cumple de manera singular en el siguiente poema:

Los tigres del templo

Para nosotros, estos felinos son sagrados
como nuestros libros, nuestros santuarios
y los dioses bienhechores de las montañas.
Son seres amarillos que nos recuerdan
los tímidos rayos del sol de las nieves.
Por eso vivimos en armonía con ellos
y los cuidamos con amor todo el tiempo
como si fueran nuestra propia sangre.
Para nosotros, estos tigres son inofensivos.
Para otros, son el salto terrible de la muerte.

Construcciones imaginarias que fácilmente se condensan en nuestra realidad. Abundan imágenes sobrecogedoras de naturaleza mitológica y canalizaciones esotéricas que son desprendimientos, constelaciones, apariciones visionarias. Siempre la palabra tiene un afán de reconstrucción, donde el florecimiento de los motivos cae en tierra propia hacia la imaginación y el espíritu. Los símbolos e imágenes le dan a los poemas una continuidad necesaria de significación, en medio de aquellos aires singulares e infrecuentes, antiguos y radicalmente distintos. Los habitantes de este universo se asimilan con un movimiento repentino de asombro. La imaginación activa del autor recrea la vida en términos de tiempos y sitios lejanos, gracias a la fuerza de la analogía. El poeta despierta formas y rituales, restaura olvidadas ceremonias:

Ojo de oro del cielo que iluminas los cultivos,
los bosques, las casas y el río donde los niños
juegan con saetas de agua y peces plateados.
Aleja el rencor y el odio de nuestro pueblo.
No apagues vuestra dichosa lámpara de amor.

Evocación que conserva vigencia del presente, con base en un tratamiento fantástico. Siempre un decir vehemente, una intensidad expresiva, sostenida; la tendencia a recurrir al pasado para hacer una lectura contemporánea de hechos sublimados por la lírica personal. Sugiere, entonces, el autor, que es posible desde la poesía trazar imágenes imperecederas y símbolos como el dragón, del cual hace una defensa como ser alegórico, antiguo y arcaico, un poderoso medio a través del cual expresa debilidades, temores, ansiedades y un drama que atraviesa la obra para definir su profundidad emocional. Es menester recordar que el dragón posee connotaciones opuestas en Oriente y en Occidente. En Occidente simboliza la naturaleza más elemental y primitiva de la humanidad, que debe ser vencida por la fuerza y la autodisciplina, y en la mitología cristiana encarna a Satán y las fuerzas del inframundo. En Oriente, en cambio, el dragón se ve como un símbolo de alegría, de dinamismo, de buena salud y de fertilidad, y se piensa que su imagen protege de los malos espíritus. Es, en suma, el poder espiritual. El presente libro se acoge a la anterior noción simbólica, expresada en el poema que le da título a la obra:

Apología de los dragones

Ellos, que fueron seres alados de fuego,
hijos del Sol y hermanos del rayo,
seres que hicieron temblar el suelo
y derritieron las armaduras de los soldados.

Ellos, que volaron como el viento
por el cielo de la antigua China,
que robaron el ganado de los granjeros
y marcaron las rocas con sus llamas.

Ellos, que fueron animales extraordinarios,
tan reales como la lanza de sus verdugos,
ahora duermen en lechos invisibles de hielo.

Es la vuelta a los orígenes. Como decía Nietzsche: “El que vuelve a los orígenes encontrará orígenes nuevos”. No es una poesía evasiva o anclada sobre el pasado, sino una poesía proyectada en el tiempo, poesía que busca el porvenir. Conjuro, ritual, ceremonia viviente. “Hay en las cosas no dañadas por el hombre, en lo natural rodeado, un secreto de sencilla bienaventuranza”, afirma Fina García Marruz.
Entonces reaparecen en Apología de los dragones, fragmentos de la sustancia paradisíaca de lo no contaminado (los dioses bienhechores de las montañas, la tierra de los espíritus de la memoria, el espíritu del monte, los árboles de los pájaros, el lenguaje de la inocencia y la alegría, la noche maga, la luna coqueta y sus devaneos, las tardes de agosto, las inmensidades marinas) en un ámbito de realidad angustiosa, infernal, sedienta: “el salto terrible de la muerte”, “árboles secos”, “la brújula incierta”, “el ruido y la voz de los foráneos”, “las emboscadas grises de las nieblas”, “los pies ruidosos de los malos espíritus”, o “los pálidos forasteros de barbas luengas”.
Enfrentamiento continuo de realidades: los hombres inamistosos contra los espíritus del recuerdo; las durezas y las penas del mundo exterior frente a la casa íntima; el viento inamistoso de la noche y la noche jugadora de manos; los tigres amarillos de las montañas y el felino asolador de las pequeñas aldeas. Paraíso con infierno incluido, procedimiento que lo aleja del ingenuo romanticismo, el ingenuo, el del eclecticismo retórico y sin contenido. No, Alzate Valencia liga su expresión a aquél romanticismo que valora la conciencia subjetiva y en donde el sentimiento alcanza una jerarquía especial, inspirado en una visión dramática de la realidad que a la vez parece inaccesible, una aguda percepción individual de la naturaleza y una violenta pasión por la libertad. El escritor Mario Armando Valencia mencionó del autor su legado romántico en cuanto “al tono de tormenta e ímpetu, la exaltación y forma que transmiten sus textos”. Su protesta directa en el poema Los jurados de los concursos así lo indica: “Si ven un dictado de la soledad, del olvido, / de la angustia y la desazón de nuestro tiempo, / lo desaprueban sin piedad como si fuera/ la hojarasca y los ripios del peor romanticismo”.
Sin embargo su carácter romántico, el de mejor vertiente, se comprueba en de toda su obra a través de la variedad de formas, heterogeneidad que revela la fragmentación de su visión de mundo para nada sistemático, sucesiones de poemas sin enlaces preferentes. Ello lo menciono como una virtud, de la cual ha tomado su fuerza. El concepto de unidad aquí no es primordial, pues la obra no debe ser un todo autocontenido, según la concepción poética de Conrado Alzate Valencia.
Al interior de sus poemas es posible ver como florece la autobiografía, la confesión y las memorias. Otra característica es que el poeta no se reconcilia jamás con la realidad, siente añoranza por los periodos pasados, posee un anhelo de regresar al paraíso y enarbola una especie de exotismo que concibe una fantástica vida en sitios lejanos.
Lo anterior son las constantes y los estímulos de su imaginación y actividad creadora, junto a la última invariable que me permito comentar: su propensión al silencio y la interiorización de la obra como imposibilidad, donde el rastro de tinta es la única realidad. La primera estrofa del poema Apología del silencio lo testimonia:

Las palabras no son tan fundamentales
como creen los charlatanes insufribles.
Es mejor actuar con el lenguaje de los sabios,
es decir, con ademanes y silencios profundos.

O en el poema Mensaje desde el silencio:

Desde las regiones del silencio
donde habitan los sabios
y son inútiles las palabras,
deseo hablarte sin hablarte.
Es decir, comunicarme contigo
solamente con mis pensamientos.

La inutilidad de la palabra, porque el poeta se dirige hacia aquella zona negada por el verbo. Ausencia, marginalidad, incertidumbre, duda, vacilación, Alzate Valencia, por fortuna, detenta el escepticismo, pues sólo desea encontrar el limo de las palabras, el rastro al fondo de las sombras, no su esplendor engañoso:

Estos versos que se agitan en mis labios
como materia de un volcán en erupción,
sólo me han servido para escalar algunos sueños (…)
Con el ruido de estos versos vacíos, lo único
que he logrado es contaminar el mundo,
mancillar el papel y dejar correr la imaginación.

Y pese a ello el poeta quisiera que a través de esa sombra ausente que es la palabra, acto de fe, las cosas persistieran, se resistieran a la ausencia. Como consecuencia Alzate Valencia y su poesía se incrustan en el silencio. Silencio para acoger la palabra, dejar que el misterio irrumpa en nuestra realidad, en un espacio donde vive la imagen encarnada en sus manos y en una voz que responde al exigente llamado de la memoria. Fascinación, potencia, herida que a la vez indaga, busca, sueña e inquieta. Sólo así la evocación meditada de los sentidos posibilita el caudal de la poesía, circunstancias que son sugeridas por una palabra o una frase. Son expresiones escogidas, cargadas de fascinación, acuñadas para determinados instantes, una imagen interna o externa que aparece. Aquello que es aprehendido en un momento especial, concentrado, que toma contornos, en tanto que es una aparición. La memoria y la expectativa enlazan la aparición con las experiencias y sueños más antiguos de la humanidad, y con los tanteos de las búsquedas más recientes:

Somos hombres inamistosos,
predadores como los agujeros negros,
la muerte y el solapado olvido.

Se trata de una mirada que descubre detrás de lo insignificante “misteriosas cavernas”, que crea un doble efecto de distancia y extrañamiento. En Apología de los dragones vemos, entonces, los objetos de un modo no habitual, con un significado que trasciende lo meramente referencial, descubriendo lo que está oculto. Memoria simbolizada que alude a un pasado, la infancia personal y la infancia de la edad del hombre. La infancia de este libro es un estado donde predomina la sensibilidad y por lo tanto va siempre ligado a la magia, a la imaginación y el sueño. Autoexploración y un descenso al yo que traspasa fronteras. La impulsión verbal llena el vacío del pasado y las imágenes se desarrollan en una fuga, porque Apología de los dragones es una aventura por el tiempo. Su lenguaje evoca raíces, orígenes y sombras de murmullos. Una voz escuchada que es urdimbre, trama viviente, tejido de tiempos vivos que dialogan, ecos lejanos y cercanos, la casa de los abuelos pero también la ciudad globalizada, el dragón de fuego, la madre agua y la brújula incierta; el poema como una forma plasmada, presenciada y mantenida por la vivencia, el afecto, la imaginación y el oficio.

Revista Mefisto: Arte, Literatura y Medio ambiente. Pereira, Risaralda (2008)

Conrado Alzate Valencia

miércoles, 5 de mayo de 2010

PREMIO PULITZER 2010. DEBUT LITERARIO DE PAUL HARDING













El escritor norteamericano Paul Harding se llevó el Premio Pulitzer 2010 por su primera novela Tinkers. Un debut maravilloso que tomó por sorpresa a la crítica norteamericana.

El triunfo de Tinkers en los Pulitzers parece una historia de Cenicienta. Publicada a principios de 2009 por Bellevue Literary Press, una editorial pequeña e independiente que lleva pocos años y que se especializa en libros de arte y de ciencia, pasó de largo por las estanterías de las librerías. Sin embargo, los 500 ejemplares que se publicaron captaron la atención de los críticos quienes no dudaron en exaltar la maestría literaria de Paul Harding, un profesor de la Universidad de Harvard y de Iowa que hacía su debut literario con esta novela.

Como si fuera una bola de nieve los grandes diarios comenzaron a reseñar la novela, que pronto estuvo también en boca de reconocidos autores. Tinkers, la poética narración sobre los últimos días de un hombre moribundo y sus recuerdos de la infancia, comenzó a cosechar críticas excelentes como la que apareció en el Publishers Weekly “un ejemplo hermoso de artesanía novelística” o en el Hartford Courant –en donde también se mencionó que no había habido un debut tan exitoso para un autor norteamericano desde Matar un ruiseñor de Harper Lee– o la que salió en Los Ángeles Times, en donde se alababa la manera en la que la prosa de Harding construye imágenes entrañables y la forma en la que lograba fusionar lenguaje y percepción.

Con el premio Pulitzer, la novela se lleva su primer galardón. Un premio que en los últimos años se ha traducido en gran reconocimiento y éxito en ventas. Habría que pensar en la ganadora del año pasado Elizabeth Strout, quien con su libro de cuentos Olive Kitteridge ya ha vendido más de 472, 000 copias en Norteamérica, o en Junot Díaz, ganador del 2008 con La extraordinaria y breve vida de Oscar Wao, quien se ha convertido en una de las mayores promesas de la literatura caribeña contemporánea o en Cormac McCarthy, ganador del 2007 con La carretera, cuya voz apocalíptica cautivó a numerosos lectores y a los estudios de Hollywood, que están preparando la adaptación cinematográfica de su novela.


Los jurados del Premio Pulitzer declararon que Tinkers es: “una poderosa celebración de la vida en donde un padre y un hijo, a través del sufrimiento y la alegría, trascienden sus vidas y ofrecen nuevas maneras de percibir el mundo y la moral”. La novela venció a los finalistas Love in Infant Monkeys de Lydia Millet y In Other Rooms, Other Wonders de Daniyal Mueenuddin.

Nota tomada de la revista Arcadia.

jueves, 22 de abril de 2010

NACIONAL DE NOVELA CIUDAD PEREIRA




Acaba de convocarse la XXVI VERSIÓN ANUAL DE NOVELA ANIVERSARIO "CIUDAD PEREIRA", cuyas bases son las siguientes:

1. Podrán participar colombianos o extranjeros con visa de residentes en el país, con una sola obra inédita, tema libre, en español, entre 100 y 250 páginas.

2. Las obras se deben presentar en original y tres copias, doble espacio, tamaño carta, páginas numeradas, por una sola cara, argolladas, firmadas con seudónimo y número del documento de identidad. En sobre sellado deben ir los datos del participante, con dirección, número telefónico, correo electrónico y se debe anexar fotocopia de la cédula.

3. El cierre de la convocatoria vence el día 23 de julio, a las 4 p.m. El fallo del jurado es inapelable y podrá declarar el premio desierto. El fallo se hará público el día 30 de agosto de 2010.

4. Se concederán tres únicos premios, así: al primer puesto, edición de 500 libros y $3.000.000. Al segundo lugar, $2.000.000, y al tercero, la suma de $1.000.000.

6. Las obras deberán ser enviadas a la Biblioteca Pública Municipal "RCM", del Instituto Municipal de Cultura y Fomento al Turismo, carrera 10 No. 16-60, piso 3, Centro Cultural "Lucy Tejada", Pereira, Risaralda.

Culaquier información adicional puede ser solicitada al correo bibliotecarcm@pereiraculturayturismo.gov.co. o consultada a la página http://www.pereiraculturayturismo.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=661:convocatoria-concurso-literario&catid=40:biblioteca-ramon-mejia-correa

Nota: esta página sólo pretende anunciar un concurso, lo que no implica responsabilidad alguna por parte del autor.

lunes, 5 de abril de 2010

Un cuento de Pedro Mairal

Estuvimos cuatro años de novios con Teresa hasta que empezamos a buscar departamento para irnos a vivir juntos y en la búsqueda infinita me empecé a dar cuenta de que yo rechazaba todos los departamentos que veíamos porque en realidad no quería mudarme con ella. Pero todo lo demás fue felicidad. O casi todo. Teresa era hija única, vivía con sus padres cerca del hipódromo de San Isidro en una casa con pileta, minijardín y hasta un cuarto de servicio que no se usaba, junto a la cocina en la planta baja. En ese cuarto dormía yo los fines de semana. Me llevaba bien con mis suegros, a mi suegro le celebraba los asados, a mi suegra los postres y así me hospedaban amablemente desde el viernes en la noche hasta el domingo en la tarde.
Habían tenido a su hija ya pasados los cuarenta y ahora eran un matrimonio mayor, ya entrados en una especie de plácida menopausia. Me trataban bien, algo distantes, cuidadosos, pero me querían. Si me mantenía durmiendo en ese cuarto en planta baja, más o menos lejos de su hija, me querían. Aunque supongo que sabían que su hija no era virgen, no sé hasta qué punto sospechaban de los cruces nocturnos. Lo cierto es que cuando ya todo estaba en calma y apenas se oía ladrar algún perro de la cuadra a las dos de la mañana, Teresa bajaba y se metía conmigo en la cama. Casi no tengo imágenes de esas noches porque tirábamos con la luz apagada, no por pudor sino para que no nos descubrieran. Pero sí me acuerdo de los sofocones, de los gritos mudos, del jadeo. Nos convertíamos en un monstruo empapado.Teresa fue la primera mujer que me hizo sudar, o la primera por la que estuve dispuesto a agotarme hasta el desmayo. Porque ella me pedía más, me pedía que aguantara. Dame así, me decía al oído, dame así. A veces poníamos nuestros zapatos bajo las patas de la cama porque la madera rechinaba horriblemente contra el piso de baldosas. Nos pasábamos casi todos los viernes y los sábados en la noche, chocando el uno contra el otro, estrellándonos. Porque eso era lo que hacíamos, nos estrellábamos. Yo era adicto a sus orgasmos, los necesitaba. Pero a ella le costaba alcanzarlos. Me hacía trabajar muchísimo. Ella misma me compraba condones texturados y hasta unos que venían con tachas para provocar más fricción. Todos esos condones que se iban por el inodoro, usados y prolijamente anudados al final de la noche.
A ella le gustaba estar encima de mí, me cabalgaba con esa insistencia pélvica femenina de moverse, no tanto de arriba abajo sino de adelante a atrás, un movimiento que se iba perfeccionando a medida que crecía nuestra transpiración jabonosa porque su culo patinaba sobre mis muslos y mi pija le entraba más hondo. A veces yo me incorporaba un poco en la cama, quedaba sentado, y ella me rodeaba la cintura con las piernas, todavía arriba mío, abrazándome, y yo le sentía con mi mejilla el pelo mojado pegado al cuello, y con las manos el canal de la espalda también mojado y tenso.
Creo que nuestro secreto era el sudor. yo hasta entonces me había acostado con putas o con noviecitas discretas que no soltaban el tigre. Las putas no sudan en la cama, no pueden desvivirse furiosamente por cada cliente, no les daría el físico para estar así todo el día, o toda la noche.
Apenas con unos gemiditos profesionales les basta para alentar y abreviar el forcejeo del macho triste. Las noviecitas discretas tampoco sudan, seguramente porque no es uno quien les despierta la fiebre necesaria sino algún otro novio o amante venidero. De manera que Teresa fue la primera con quien me entregué al zarandeo olímpico. A veces me imaginaba que su viejo entraba de golpe prendiendo la luz y decía "¿Qué están haciendo?" y yo le contestaba "¡Estamos rompiendo todos los récords, suegro!". Pero eso no pasó exactamente.Nos partíamos el alma hasta que cantaba el primer pajarito del día (desde el último perro hasta el primer pajarito). Y creo que nos excitaba el sudor porque el condón era como una barrera seca entre los dos, casi como sexo virtual. En cambio el empape del sudor era real y animal. Era nuestro gran secreto, el estado casi acuático de nuestro abrazo. Un logro mutuo. Teresa me agarraba de la nuca, le gustaba sentirme la nuca mojada. Yo le mordía las tetas, le pasaba la lengua por su esternón salado, le subía la mano por la espalda, le juntaba el pelo largo en una coleta abundante y húmeda. Hay algo que sucede cuando se suda tirando (o se tira sudando), y es que todo se vuelve más fluido, las caricias ya no son sectorizadas, eso de te agarro el culo y luego las tetas y luego te acaricio los muslos, sino que el contacto se vuelve todo un continuo, una sola superficie de placer, las partes del cuerpo se difuminan, se estiran casi, se vuelven un todo escurridizo, sin límites ni nombres diferenciados, la piel se vuelve toda beso mojado, mordisco resbaloso, y se tira entre mechones empapados, gotas que caen por el torso en hilos y hay que despejarse la frente y seguir, seguir.
Teresa era incansable, guerrera. Me gusta esa palabra, guerrera, porque realmente la peleábamos juntos en la cama, cuerpo a cuerpo, en un combate oscuro y extenuante que nos aceleraba el corazón en un galope elástico, tierno, con susurros de violentas amenazas de amor dichas al oído, hasta que ella empezaba a desarmarse encima de mí, como a caerse pero abrazándome fuerte y yo me dejaba ir, me dejaba morir, matándola, matándola. Como una yegua sudada ella entraba en el orgasmo. Un animal jadeante después de una carrera. Con la crin pegada sobre la cara, sobre los ojos. Y así nos sosegábamos riéndonos en nuestro gran secreto, recuperando el aire, buscando oxígeno en bocanadas asmáticas. Y en un momento ella, invariablemente, hacía algo delicado y rico: me soplaba suavecito el pecho y me hacía sentir el sudor fresco aliviándome del calor, y yo se lo hacía a ella, le soplaba entre las tetas y hacia abajo hasta el ombligo. Nos alternábamos una vez cada uno y así nos quedábamos un rato desmayados. Después Teresa se volvía furtiva hasta su cuarto.
Pero no podía durar tanta felicidad clandestina. Un sábado en la mañana vimos a mi suegro en el jardín con un tipo de overol azul. Miramos por la ventana de la cocina. El jardín estaba inundado y sobre el pasto se veían cositas de colores. Teresa se tapó la boca. Mirá, me dijo. Era el pozo séptico de la casa, que se había desbordado y habían salido a la superficie todos nuestros condones, los polvos de cuatro años decoraban el jardín. El tipo de overol sonreía, el padre de Teresa no. Y lo peor de todo fue que nunca nos dijo nada. Nosotros nos escapamos como si tuviéramos algún programa imperdible y no supimos quién recogió nuestro inventario profiláctico. Pero esa tarde¿ dando vueltas por el barrio sin atrevernos a volver¿ ella me dijo que quizá podíamos empezar a buscar un lugar donde irnos a vivir juntos. Tenía razón. Era el fin de los buenos tiempos y había que empezar a ganarse el pan con el sudor de la frente.

Pedro Mairal, escritor argentino