jueves, 3 de junio de 2010

Cosas que pasan en el país del sagrado corazón. Denuncia.

Ustedes perdonen, amigos míos, que no escriba sobre literatura como ha sido mi costumbre desde que tengo uso de razón, y cuando había dicho no involucrarme en hechos sociales o políticos por razones que no vienen al caso; pero hoy ha ocurrido algo feo en una ciudad que amo y que eventualmente visito, y que de hacerme el indiferente sólo acarrearía más rabia o impotencia a mi espíritu; un hecho bochornoso que se suma a los que sacuden últimamente mi patria, y que igual es bueno mostrar para decir que no sigamos cometiendo los mismos atropellos por falta de un poco más de TOLERANCIA. La noticia sucede a eso de las 4 y 30 de la tarde en una vía principal de la ciudad de Pereira, donde los funcionarios de la alcaldía encargados de control urbano, haciendo cumplir una norma sobre espacio público que en cierta medida es perversa y deprimente, agreden a golpes un vendedor ambulante de papayas maduras, sólo por el hecho de que éste se resiste a perder todo su capital, su único capital cuando fue requerido para la incatuación por estar en una vía pública, como muchos de sus compañeros de faena. La agresión a la que fue sometido este humilde vendedor por parte del funcionario de la alcaldía, no tiene nombre, aunque sí, pero es mejor no decirlo. Y lo que siguió después, que no quedó resgistrado en video, fue peor, pues de aquel acto resultó no solo lesionado en la cabeza el vendedor, por la acción ya después de un muchacho inmaduro que apoyaba la diligencia de la alcaldía, sino esposado y conducido a la estación más cercana, pues el hombre cada vez seguía más fuera de sus cabales. ¡Pero quién no lo va a estar cuando está perdiendo el único bien terrenal que posee para poder sobrevivir en una ciudad que es considerada la de mayor desempleo en el país! Señor alcalde, ya que no puede brindar o asegurar ese principio constitucional del trabajo a su pueblo, al menos déles la oportunidad de defenderse así sea como vendedores ambulantes. Es el pueblo, señor, desesperado por la falta de trabajo, de mayores y mejores oportunidades. Es el pueblo, señor, quien en últimas se enfrenta entre sí al velar por unos intereses que ya no tienen nada que ver con lo colectivo sino con lo individual, pues otros intereses perviven en esa zona. Y en cuanto a sus funcionarios, aunque están realizando un trabajo que si no cumplen también pasarán a hacer parte de la asociación de desempleados, enséñeles a que tengan más cordura, paciencia e inteligencia para entender que no solo de amor o de obediencia ciega vive el hombre, cuando se vulneran algunos derechos fundamentales.

2 comentarios:

Leandro Loaiza Largo dijo...

Aparte de todo, dos de los curiosos se llevaron de a dos papayas... Adrián, adjunto con un clip otra denuncia, el sábado 5 de junio a las 6:00 p.m. acompañé a mi novia al cajero automático de Bancolombia, ubicado en la carrera 23 con calle 51 de Manizales, antes de nosotros había un hombre de camisa de rayas verdes con un niño de tres años sacando plata del cajero. Cuando nos tocó el turno, el cajero no reconoció la tarjeta, la volvimos a pasar y no pasó nada, nos alejamos sospechando del tipo que estaba antes de nosotros, cuando llegamos a la esquina, vimos cómo el man se devolvió con el niño a manipular el cajero, entonces sospechamos, nos devolvimos también y nos escondimos en un café Internet, el hombre y el niño se alejaron de nuevo, despacio como quien no va a ninguna parte, y otro cliente del banco llega, pasa la tarjeta y no recibe el dinero, el cliente se va, y vuelve el hombre de camisa de rayas verdes a manipular el cajero. Llamamos al 112 de la policía y dijeron que iban a mandar una patrulla, nada mal hubieran hecho con requisar al tipo, pero esperamos una hora y veinte minutos y no llegó la policía, como nosotros, llegaron al cajero 6 clientes más, y el tipo de camisa de rayas y el niño regresaban al cajero a cada rato a hacer quién sabe qué. Lo curioso del asunto es que a cuatro cuadras del lugar hay un CAI. En las cuatro veces que llamamos a la policía siempre nos dijeron, "ya van para allá, ya mandamos una patrulla" y cuando por fin llegaron, a la hora y 20 minutos, el tipo ya no estaba, seguramente al niño de tres años le dio por hacer chichí, ¿qué tan rápido puede ir un hombre con un niño de tres años? Nunca nos preguntaron el nombre, quién hace la denuncia, deme sus datos por si hay algún fraude con el cajero... nada. Lo único que atinó a decirme uno de los policía fue "como no dieron más datos de cómo estaba vestido..." Aló, policía, hay un tipo sospechoso manipulando el cajero automático, ¿que le de una descripción física?, pues tiene un blue jean... sí señor, un jean azul, una camisa de rayas verdes, es medio crespo, moreno, todo visajoso, tiene una pata de palo, un parche en el ojo izquierdo, con la mano derecha sostiene una bolsa con el signo pesos y con la izquierda le da la mano a un niño de tres años que posiblemente esté armado..."

Adrián Pino Varón dijo...

Gracias, Leandro por tu comentario... simplemente, cosas que pasan...