viernes, 9 de julio de 2010

Carta para el poeta Flóbert Zapata


Leticia, julio 06 de 2010


Poeta
Flóbert Zapata Arias
Manizales


Dilecto amigo:

La selva me ha traído los ruidos, las formas y el lenguaje que necesito para mi nuevo libro. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta, incluso en el sueño o la vigilia, hay una comunicación permanente de los sentidos con la naturaleza, una exaltación del espíritu primigenia y profusamente ancestral. Toda la belleza se acumula como las nubes de zancudos que penetran los espacios más insospechados.
Y usted se preguntará el motivo de esta carta, que le escriba desde un lugar tan lejano de su querida Manizales, que lo haga después de tanto tiempo sin comunicarle sobre mi existencia, las huellas que sigo o el árbol, como los que existen bajo estos follajes, donde quizá cuelgo muchos de mis sueños. Mi carta obedece a ese deseo irrefrenable de decirle lo mucho que agradezco cada una de sus empresas literarias, como Musa Levis o Lyrica Species (ya tengo en mi poder el último número); incansable y loable labor donde difunde el panorama literario no solo de Caldas sino de cada una de las regiones del país, de una manera limpia y desinteresada, con una visión respetuosa y esperanzadora como pocos pueden lograrlo.
Pero sobre todo, maestro Flóbert, para agradecerle que usted fuera la primera persona en concederme, como poeta, un voto de confianza, en señalarme el sendero de los bardos cuando mi despertar por la literatura se estaba volviendo una necesidad sustancial, de vida. Después llegó, cada ocho días, con los talleres de poesía en la Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía. Usted, como podrá ver, me abrió ese abanico de posibilidades donde la palabra se reconocía por su universalidad, por su poder transgresor y de transformación, logando de ese modo que no mirara más hacia adentro, hacia la provincia de la que se nutria en ese tiempo cada poema que trazaba con una torpeza o ridiculez desobligante, aunque todo tiene un principio, como me lo hizo ver.
Romper los límites fue la señal que seguí: decantar, corregir, soñar, leer, observar... Por eso, Flóbert, mi agradecimiento y mi admiración (por su obra y causa), van juntas hasta que se rompa el cielo que tenemos sobre la cabeza. Justa causa para escribirle esta carta antes de abordar la canoa que me llevará río arriba donde el vórtice del bosque se confunde con el fin del mundo, y donde espero continuar encontrando las piezas del rompecabezas de mi existencia.

Un abrazo.


Adrián Pino Varón

2 comentarios:

Juan Carlos Acevedo Ramos dijo...

Hi, Amigo. Hace rato necesitábamos empezar a reconocer el trabajo de los escritores de Caldas. Va es una buena ruta. Un abrazo y que la selva te llene de historias.

Adrián Pino Varón dijo...

Gracias, mi buen amigo, por la nota y los buenos deseos. Tu nombre, como el de Uriel Giraldo o Fabio Vélez, también hacen parte de la historia personal. Uriel Giraldo fue otro de mis mentores, y de él hablaré en su debido tiempo. Un abrazo.