lunes, 8 de noviembre de 2010

Filadelfia: XV Encuentro de Escritores


 Un pueblo sin cultura, es un pueblo sin historia, sin memoria; eso bien se sabe. Como también se sabe que muchos de nuestros pueblos colombianos confunden folclor, parranda, con cultura. Grave error. Pero este no es el caso de Filadelfia (o de Riosucio), Caldas, cuyos habitantes conservan con lucidez el recuerdo de sus luchas independentistas, de sus ancestros al calor de un fogón de leña, de sus aleluyas retumbando entre los cerros y las laderas como las cascadas de agua que se observan en los puntos cardinales.

Después de cinco años vuelvo a su XV Encuentro de Escritores. La vía sigue sin pavimentar, casi que destruida por la inclemencia del invierno; pero la recompensa de sus gentes amables y de un buen café en el parque donde no falta el busto de Simón Bolívar, es más que gratificante.

Y allí también estaban, grandes como siempre los he considerado, amigos que hace rato no veía: Flóbert Zapata, Conrado Alzate y Juan Carlos Acevedo; y entre ellos, otros escritores que por primera vez conocí o que no recordaba bien, con su entusiasmo, su poesía, sus historias y sabiduría que no dudaron en compartir bajo el abrigo de un invierno que parecía hacer parte de la celebración literaria, del canto de un pueblo.

En los dos días de literatura, se desarrollaron diversas tareas que comprometieron colegios no solo urbanos sino rurales, algo que es imprescindible si se desea difundir el mensaje redentor de la palabra escrita; varios jóvenes se distinguieron por seguir con fidelidad una a una las actividades literarias, cuyo fervor despertó de manera general la alegría de pensar que algún día puedan ocupar nuestros lugares.

Filadelfia me enseñó una vez más el valor de la amistad de poetas como Flóbert Zapata, Conrado Alzate, Julián Chica y Juan Carlos Acevedo; las nuevas voces poéticas como la de la bella Diana Toro Ángel; la perseverancia de Ofelia Ramírez, quien a su edad sigue publicando con ese hondo amor que la lleva de un sitio a otro; y la grandeza de algunos seres humanos, de aquellos que hicieron posible este evento con un tesón envidiable pese a la indiferencia de algunas autoridades: estoy hablando de Misael Toro, un hombre de muchas virtudes, altruista, apasionado por su gestión cultural, cuya amabilidad y pujanza está permanentemente tras y delante del Encuentro de Escritores; aunque en esta oportunidad, también debo destacar la asidua labor de José Rubiel Ramírez, director de la Casa de la Cultura, pues su apoyo y presteza fue necesaria para llevar a feliz término cada actividad. Filadelfia, deseo reiterarlo, tiene en estos hombres, sobre todo en Misael Toro, dignos representantes de la gestión cultural, que espero no se quede en el olvido o en el recuerdo de unos pocos. Gracias a ellos, hombres como nosotros (me refiero a los que escribimos), podemos ir a lugares que las editoriales o los premios nunca permitirán. Filadelfia es uno de esos lugares, al recordar un rostro de mujer, en los que uno desearía vivir el resto de su vida. 

1 comentario:

Jesús Helí Giraldo Giraldo dijo...

Muy buen comentario, Adrián. Con ello estimula a organizadores, comunidad y participante a mantener vivo el fervor cultural. Felicitaciones a todos los participantes. Cordial saludo.

Jesús Helí GiraldoGiraldo
Bogotá, Colombia
helgigi@yahoo.com
http://asofirb.blogspot.com
www.caminoamiser.com